miércoles, 10 de octubre de 2007

Alianza por el agua:

Lavín trabaja por llevar agua potable

Claramente el apolítico siempre va a ser noticia. Nuestro país está acostumbrado a la política, pero a la política farandulera. A los dichos intencionados he interesados, ósea a lo que no aporta y estanca y por tanto, al no gobierno, al que no se opone.

Los dichos de Lavín una vez más llama la atención de la opinión pública. Y el debate político vuelve a encontrar un tema nutritivo. ¿Joaquín Lavín, un camaleón?, ¿La tercera será la vencida?, y lo que desgasta aún peor la discusión ¿Joaquín se volvió loco? Esto señores es mera politiquería.

Los dichos de Joaquín Lavín para muchos de la oposición, son tremendamente desleales y ofensivos, pero aunque molesten reafirma, una vez más, su estilo. Una mezcla de honestidad y realismo, ya que sus declaraciones son clases “del arte de gobernar” tanto para la oposición como para el oficialismo. El decir ser aliancista-Bacheletista, me parece no solo de caballero, sino la de un cristiano normal, conciente del prójimo que hace bien su labor de oposición, cuando tiene que serlo y de conciliador, cuando se trata de trabajar por un país.

Por Josefina Salas






Maletín literario:








Libros para el pueblo

Aunque la medida que busca fomentar la lectura en los sectores más vulnerables de la sociedad, suma detractores. A partir del 2008 más de cuatrocientas mil familias abrirán sus puertas a la cultura.





El llamado “maletín literario” no sólo frunció el seño de los escritores cuyas obras no fueron seleccionadas para conformarlo. Su entrega también causó molestia entre quienes consideran que fomentar la lectura en los hogares más pobres del país no pasa por invertir 11 millones de dólares en un maletín cargado con literatura de peso, sino en eliminar una carga muy grande para la literatura: el impuesto al libro.

"Es que acercar a los sectores de bajos recursos al mundo de las letras, para hacerlos soñar con las historias que encierran las páginas de un libro sería más fácil si el impuesto al valor agregado se redujera", comentó Gonzalo Rojas, miembro de la Cámara Chilena del Libro.

Para él, el problema no está en regalar o no un paquete de libros, sino en fomentar la lectura mediante la reducción del gravamen del 19 por ciento al que están afectos los textos. Todas sus críticas no son nuevas y son compartidas dentro del círculo literario que considera discutible la forma de actuar del Gobierno respecto a cómo impulsar la lectura.

“Hay que tener iniciativas que no sean ‘parches sociales’, sino mecanismos de integración eficientes. Creo que sólo pensar que cada chileno compra - como promedio- menos de un libro al año en el comercio formal, nos entrega una señal clara de lo que ocurre en nuestro país, en Chile leer es un lujo”, comentó Rojas.

La medida anunciada por la Presidenta Michelle Bachelet “es una forma de buscar igualdad, pero de forma errada”, aseguró Cecilia Palma, Vicepresidenta de la Sociedad de Escritores de Chile, quien también calificó la iniciativa como “reduccionista y cargada de intereses políticos”.

Además, Palma fue enfática en señalar que en estos momentos el Gobierno de Michelle Bachelet se encuentra en condiciones de realizar una reforma que sea más radical. “Si se busca fomentar la lectura hay que hacerlo disminuyendo el IVA, apoyando a los escritores para que las publicaciones sean más accesibles a todo tipo de público, y no sólo regalando unos cuantos libros. La verdad es esa, porque aunque ‘a caballo regalado no se le miren los dientes’, creo que al final estos libros pasarán a ser odiados por los niños, al igual que los de lectura obligatoria que te dan en el colegio”, dijo.

Para la Vicepresidenta de la SECH, tratar de nivelar y superar las grandes desigualdades de esta manera, no es algo correcto. “Creo que más que fomentar la lectura a través de esta medida se está estigmatizando a ciertos autores y generando una obligación a leer. El enfoque de esta política es errado, más que un sentido educativo hay motivaciones políticas”, dijo.

Pablo Millán, novelista de cuentos infantiles, dice que el problema es que el maletín literario es una inversión grande y difícil de fiscalizar. “Creo que estos libros pueden quedar fácilmente en los hogares empolvándose sin ser abiertos. No se trata de ser negativos o no, pero no hay que olvidarse de nuestra realidad. Chile es un país donde los hábitos de lectura son mínimos”.

Lo que este amante de los libros propone, es que el impuesto se reduzca de un diecinueve a un cuatro por ciento, y se aumente el número de libros en las bibliotecas municipales. “Me parece más sensato poner en este momento en discusión el problema del impuesto al libro que si se van a regalar o no unos cuántos libros. Medidas como estas, muchas veces son buenas como idea, pero en la práctica no resultan porque hay que realizar cambio de fondo”, aseguró.